C32Ca3SSiH46NO2 Experimentar la instalaci—n de Santiago Pinyol es como cumplir el sue–o de volverse miniatura. Entrar en la textura m‡s profunda de las cosas, o de nuestra representaci—n de las cosas, m‡s exactamente. Recorrer las gr‡ficas esquem‡ticas tridimensionales, es decir, las estructuras moleculares de lo que existe. Y es curioso pensar que esas molŽculas all’ representadas son a su vez procesadas y asimiladas por los cuerpos, como en un viaje extendido al interior de la qu’mica de la fiesta. La qu’mica de la celebraci—n, la fiesta fisiol—gicamente interiorizada. La procesi—n de los qu’micos va por dentro. En este ejercicio de dispersi—n, se nos evidencia la materia de la que est‡ hecha la parranda, la realidad de una de las drogas que se consumen en esta ciudad, que no es coca’na pura, ni m‡s faltaba. Es una mezcla de sustancias tan dis’miles como cemento, aspirina y harina, un coctel dise–ado en funci—n de la econom’a y de la monocrom’a. La estŽtica del vicio.
Natalia Valencia